Recuerdos de un desastre que no presencié (pero que igual viví)

Hoy me llegó un correo especial a mi bandeja de entrada. Era de Felipe, una de las geniales personas que conocí en una circunstancia muy inusual. Esto me llevó a recordar un hecho que ocurrió hace unos meses y que marcó profundamente mi vida.

Comenzaré desde el principio. El día 27 de febrero de 2010 debía llegar a Chile, luego de mis vacaciones en Inglaterra con Camilo, mi novio, quien se encontraba viviendo allá por unos meses debido a una beca de trabajo que se ganó. Recuerdo que el 26 fue un día difícil, pues era el día de la despedida y todos sabemos lo tristes que éstas son. Para qué mencionar que lo pasé excelente, recorriendo varias ciudades de ese lluvioso país (Londres, Oxford, Gales, Liverpool) y viviendo algo nuevo y emocionante con esa persona tan importante para mí. Viajamos en tren a Londres, pues estábamos en Nuneaton, una ciudad a dos horas de allí. La despedida en el aeropuerto fue horrible, pero me tranquilizaba el que nos veríamos en unos cuantos meses más. Ya en el avión, comí la cena que nos entregaron y luego de revisar las películas que tenían disponibles y ver una de ellas, me puse a dormir porque la próxima parada sería en unas horas más en Sao Paulo, para hacer la escala correspondiente y volver a mi país. No pasó nada fuera de lo común, nada que me hiciera pensar lo que se vendría después.

Llegué a las 6 am a Brasil, y mientras caminaba por la manga hacia el aeropuerto, me fijé que comenzaron a separar a las personas que luego viajaríamos a Chile, yo incluida. Pero algo extraño pasaba. Me llevaron a uno de los terminales del aeropuerto, donde para mi sorpresa habían muchos chilenos como yo y algunos extranjeros que también se dirigían a mi país. Debido a que los empleados del lugar no nos decían nada (con suerte hablaban algo de español), me acerqué a una pareja que se veía muy molesta y confundida, pero que tenían cara de saber algo. Me dijeron esto: “Lo que pasa es que según esta gente, en Chile hubo un terremoto muy fuerte y está la cagá”. Casi me desmayé. Luego les pregunté si sabían de qué magnitud era o cuál era el epicentro, y me dijeron que según internet, fue de casi 8 grados. Angustia. Buscar la forma de comunicarme con mi gente en el país, eso era lo principal. Finalmente y luego de ser estafada por una gente sin criterio que vendían tarjetas para hacer llamadas  telefónicas internacionales (50 dólares por 10 minutos, lamentablemente no me quedaba otra alternativa más que pagar), me comuniqué con una prima en Santiago. Me dijo que todos estaban bien, que mi mamá estaba con ellos y que el epicentro había sido en Cobquecura. De mi papá, que estaba en Chillán, aún no sabían nada, y no sabríamos de él sino hasta varios días después. Con lo poco que me quedó de la tarjeta de llamada marqué el número de Camilo en Inglaterra y le conté lo sucedido, me intentó calmar y me dijo que en cuanto pudiera le avisara cualquier novedad por skype, que estaría conectado esperándome.

Luego comencé a dar vueltas por ese lugar, conversando con más chilenos por si tenían novedades, intentando que los de la aerolínea nos dijeran qué harían con nosotros. Algunos me dijeron que habían llegado poco antes que yo y que el personal sólo les habían dicho “hubo en terremoto en Chile y están todos muertos”. Mierda, me dieron ganas de golpear al que dijo eso, lástima nunca supe quién era. Finalmente y luego de muchas horas de reclamar y esperar alguna respuesta, nos llevaron a los más de 100-150 que estábamos allí que viajábamos con TAM (en total éramos como 300) a buscar nuestras maletas y pedir unos papeles para llevarnos a un hotel hasta que el problema se solucionase. Al grupo lo separaron en varios hoteles y nos repartieron por todo Sao Paulo (es una ciudad gigante, por lo que no iba a ser fácil mantener contacto con todos). Esperando, hice amistad con un par de amigos que venían de Europa, Daniela y Felipe, que al igual que yo habían ido de vacaciones allí. Como nos correspondió el mismo hotel y estábamos en habitaciones contiguas, compartíamos la angustia y también el tiempo en que nos tocó estar allí. En el hotel habían más chilenos, por lo que hicimos amistad entre todos y nos pusimos hasta nombre “los 15 de TAM” (éramos 17 pero 2 nos abandonaron antes de tiempo, creo que se consiguieron pasajes para otro lado). Con ellos hablaba todos los días, compartíamos información sobre el terremoto y lo que se iba sabiendo por internet y por las noticias, e íbamos a cada hora al aeropuerto a preguntar cuándo nos permitirían viajar a Chile. A pesar de que en las noticias decían que el aeropuerto sí estaba recibiendo vuelos internacionales, en la aerolínea nos decían que no estaban llegando aviones a Chile. No entendíamos nada.

Mientras tanto, gracias a que el hotel tenía internet pude mantener contacto con Camilo mediante skype y por el mismo medio intentaba llamar a mi familia en Chile. Recién el tercer día en el hotel pude comunicarme con mi mamá; sabía que estaba bien pero necesitaba escucharla. Me contaban lo que iban sabiendo de la familia: mi abuela y papá en Chillán no habían sido afectados, al parecer mis tíos en Concepción estaban bien, de los de Talcahuano no se sabía nada.. Por mientras veía las noticias y lloraba, veía cómo Concepción (ciudad en la que viví varios años debido a estudios universitarios) estaba en el suelo y se me partía el alma, veía diferentes imágenes del país y la angustia crecía. Y yo tan lejos, sin saber cuándo regresaría y sin poder hacer absolutamente nada.

Puedo decir que estuve en Sao Paulo pero no conocí playa ni lugar de entretención alguno. Mi rutina era levantarme, acordar una hora para ir al aeropuerto a nuevamente pedir información sobre nuestro estado, ir, regresar angustiada, comunicarme por twitter, skype y facebook con todos los que pudiera, volver al aeropuerto en la tarde, regresar impotente, ver noticias, preocuparme,  organizarnos con los 15 respecto a qué hacer para nuestra vuelta a Chile aún lejana, dormir triste y frustrada, despertar. Así estuvimos 3 días, hasta que el último en la noche fuimos al aeropuerto y nos dijeron que ya no nos pagarían el hotel y deberíamos irnos al aeropuerto. Patá en la raja para todos. Quedaríamos en la calle, sin plata y sin saber cuándo regresar. Angustia máxima, teníamos que hacer algo. Esa noche nos organizamos los 15 y acordamos, gracias al consejo de una maravillosa señora que conocimos en la última visita al aeropuerto, ir a hablar al otro día con el cónsul de Chile en Sao Paulo para que nos ayudara. Hicimos una carta, elegimos representantes y nos fuimos al aeropuerto el martes en la mañana con maletas y petacas.

Ese día salimos muy temprano del hotel y nos fuimos al aeropuerto. Mientras algunos se quedaron con las cosas, otros fuimos al consulado. Fuimos recibidos por el cónsul y ¡milagro! nos dijo que nos iba a ayudar de tres formas posibles: 1. iba a ir al aeropuerto a hablar con TAM para solicitar un avión y mandar a los más de 300 chilenos que continuábamos varados allí. 2. Si eso no resultaba, podía intentar gestionar que nos llevaran en avión a Buenos Aires y de allí cada uno vería cómo se volvía a Santiago. La tercera opción era enviarnos en buses a Chile, lo que significaba como 4 o 5 días de viaje aproximadamente. Volvimos con esa esperanza al aeropuerto a informar al resto de los viajeros, que ya se habían ido reuniendo junto con mis amigos chilenos para unirse a la causa e intentar regresar al país. Acordamos aceptar cualquiera de las alternativas, no estábamos en posición de reclamar. Por mientras ya había llegado la prensa brasileña al aeropuerto y varios habían sido entrevistados. Un rato después llegó el cónsul para informarnos a todos que se había conseguido un vuelo para Chile a la 1 de la madrugada, ya no dábamos más de felicidad. Entonces me comuniqué con mi familia y les avisé que llegaría ese día. Todos felices.

Mientras esperábamos abordar, comenzamos a compartir correos entre todos, sacarnos fotos y comenzar a recapitular lo que habíamos vivido todos esos días. Agradecimos el habernos conocido, pues entre todos nos dimos la fuerza para aguantar tanta angustia y presión. Al despegar el avión aplaudimos, gritamos un viva Chile y nos emocionamos, pues a pesar de llegar a un país que estaba sufriendo mucho dolor, pronto estaríamos en casa, con nuestras familias. Y no hay nada mejor que eso.

El correo que mencioné al principio fue una cadena de correos que formamos entre los 15: todos nos seguimos escribiendo para no olvidarnos, para recordar que aún de lo triste sale algo lindo. Que puedes conocer gente maravillosa aún hasta en las más extrañas circunstancias.

PD: Un fuerte abrazo a los 15, esto es para ustedes!

Acá estamos parte de los 15 y una pasajera con su hija que también viajaría con nosotros. Ya habíamos recibido la noticia de que volveríamos a Chile ese día, se nota? (:

Con la Dany, con quien compartimos las penas, alegrías y nos hicimos compañía mientras duró la experiencia.

Con el cónsul chileno en Sao Paulo

Con el cónsul chileno en Sao Paulo, gracias a él llegamos a Chile tan pronto. Grande!

Advertisement

3 Respuestas a Recuerdos de un desastre que no presencié (pero que igual viví)

  1. precioso lo que has escrito! :)
    acabo de unirme a wordpress para, como tú, meter mi vida en una licuadora. más tarde subiré mi primera publicacion! ;) hahaha sígueme si quieres en
    annietakeyourgun.wordpress.com
    ha sido un placer leerte!
    saludos desde españa.

  2. recuerdo esos dias e imagino -porque no he vivido algo similar- lo terrible de estar alejado de la familia, del pais, sabiendo que todo esta en caos. para variar, me detendre en algunos puntos que nada tiene que ver con la tragedia, sino con lo sorprendente de algunas situaciones.

    esto me confirma que efectivamente las redes sociales y la inmediatez de la comunicacion sirven. no solo para las tragedias, pero hay diversos usos que frente a las dificultades, les permitieron salir adelante. para que redundar…

    lo otro, que me impresiona sobremanera, es el hecho de como en las desgracias nos unimos. Logico, tenemos que agruparnos para apoyarnos… pero aca pasó algo muy impresionante para mi (hombre que no ha viajado mucho ); que fue el hecho de mantener el contacto. De que las relaciones, el apoyo, todas las craps pasadas los marcan, pero algo pasó. y algo pasó que siguieron.

    siempre he sido pesimista. frente a estas situaciones donde circunstancialmente nos vemos relacionados, espero mucho pero no se da. Me recordó el cuento “autopista al sur” de cortazar; que es casi similar, una tragedia, relaciones, anecdotas… pero cuando termina el suceso que “une”, todo se rompe… desaparece. todo es circunstancial, estacionario, por conveniencia. la espontaneidad y el desinteres y la buena fe desaparecen conforme nos hacemos viejos. O quizas yo estuve rodeado de gente mierda… no sé, pero lo que cuentas rompe con la mala fe, y prueba que aun hay gente decente en el mundo, que va mas alla de acto mismo de contingencia. la paradoja es parte de la existencia: una acto nefasto como fue el terremoto, la angustia de no saber de tu familia permitió conocer y divulgar que aun podemos tener fe en la humanidad. algo malo por algo bueno.

    no entrare en consideraciones odiosas frente a dios xD

    lo que pasa es que dios no me quiere, pero con estas cosas que leo, que veo a distancia, me permiten envidiar y luego pensar que queda esperanza aun en la existencia y en las personas.

    es que soy como moises: estare 40 años vagando en el desierto, pero no se me permitira entrar a la tierra prometida, solo verla a distancia. pero si eso aumenta la fe, bienvenida sea mi desgracia!!!! xD

    saludos, bonito relato.

  3. Anastasia Silva

    Buenos dias,

    Me llamo Anastasia Silva y trabajo para Pokerlistings España.
    Queriamos invitarle para practicar su don literario redactando
    un articulo para nosotros sobre el poker relacionado a cualquiera
    otra tema de su eleccion. Por supuesto que le recompensaremos. :-)

    Si le interesa esto escribeme al [anastasia(arroba)pokerlistings(punto)es].

    Gracias y Saludos,
    Anastasia Silva

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s